Ibercaja quiere desahuciar a Isidro, vecino y agricultor de Almoguera

IBERCAJA QUIERE DESAHUCIAR A ISIDRO, AGRICULTOR JUBILADO Y VECINO DE ALMOGUERA.

Parece que las noticias de los medios de comunicación y los telediarios de las cadenas televisivas ya no recogen como antes los desahucios de familias por impagos hipotecarios. Quizás sea porque cuando algún acontecimiento se convierte en demasiado habitual, deja de formar parte de la agenda informativa, marcada siempre por la imperiosa actualidad.

Según el CGPJ, el primer trimestre de 2012 marcó un nuevo y alarmante registro histórico con 18.424 lanzamientos, término con el que se denominan los desalojos forzosos de viviendas, y el número total desde 2008 ya asciende a 185.140. Sin embargo, según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, estas cifras no reflejan el total de desalojos que se realizan en el estado español. Los últimos datos proporcionados por el CGPJ nos informan que hasta ahora no se habían contabilizado los lanzamientos ordenados por juzgados de primera instancia en las localidades en las que no existen los servicios comunes de notificaciones. Por lo que, si sumamos las dos cifras, nos encontramos, que sólo en el primer trimestre de 2012, se han ejecutado 46.559 desalojos en el estado español.
En estos tres meses de lo que va de año, el número de ejecuciones hipotecarias iniciadas ascienden a 24.792 , el tercer peor registro desde que estalló la crisis, con un incremento del 14% respecto al mismo periodo del año anterior, desmintiendo algunas voces que sostienen que las ejecuciones estaban disminuyendo.

Aunque las cifras son escalofriantes, detrás de los números y los datos, se esconden verdaderos dramas humanos. Historias desposeídas de derechos básicos, familias abocadas las más de las veces a un camino sin retorno.
Es el caso de Isidro y su hijo, una familia de Almoguera, Guadalajara, cuya triste historia está aderezada por una concatenación de circunstancias dónde lo que resulta más palpable es la injusta y deleznable actuación de IberCaja, que alega no haber podido ponerse en contacto con Isidro.
Isidro tiene 68 años y ha sido agricultor toda su vida. Pero su pensión apenas pasa de los 600 euros mensuales. Sus palabras suenan sinceras, y se transluce un dolor hondo que rezuma por su piel, curtida por el sol y por el viento. Apenas pudo ir a la escuela, pues desde los cuatro años le llevaba su padre al campo a trabajar la tierra.

Con tan sólo once años cultivaba remolacha y el maestro le echó de la escuela porque no iba a clase más que de vez en cuando. Gracias a la solidaridad de un amigo, aprendió a leer y a escribir en las noches de invierno al calor de la lumbre. Y aunque sólo pudo aprender unas cuantas reglas básicas, nos relata su historia con una claridad que sobrecoge y con un sentimiento de humildad que enternece.


Para él, todo empezó cuando su mujer enfermó. Un cáncer de colon se la llevó después de una larga y dolorosa enfermedad de más de cuatro años. Isidro recuerda su valentía, cómo apenas se quejaba mientras se le iba la vida por todas partes, mientras ella les animaba a seguir adelante a él y a su hijo. Su único hijo, al que hoy intenta también ayudar a salir de una honda depresión que vino poco después. “¡Yo nunca hice mal a nadie!”, se lamenta, “y ahora me quieren quitar la casa, lo único que me queda”.

Y es que Isidro tiene días difíciles por delante. El próximo 29 de Octubre, por la mañana, IberCaja pretende desalojarle de su vivienda habitual en Almoguera. Esa casita de protección oficial que les trajo la fortuna de entonces está ya adjudicada a la inmobiliaria de Ibercaja.

Repite muchas veces que no entiende bien las cosas de papeles, que un día delegó en su hijo cuyo negocio se vino abajo con la crisis, y una profunda depresión le arrastró al abismo y al silencio. “Yo no fui consciente de lo que estaba pasando. El día que me enteré fui corriendo al banco. Salí llorando de la oficina, dónde me trataron muy mal y me acusaron de no haber resuelto las cosas a tiempo. Desde que murió mi mujer mi refugio es mi huerta y mis gallinas. Estoy desesperado, no sé cómo ha podido pasar esto”.

Pero lo cierto es que la deuda impagada de la hipoteca se aproxima al saldo depositado en su plan de pensiones, y el banco atendía, después de fallecida la mujer de Isidro y durante varios años, la prima de la póliza del seguro de vida con el que se hubiera cubierto el capital pendiente del préstamo hipotecario. Una historia dónde la sin razón no deja lugar a la cordura.

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