#GraciasAda

Dicen que las Adas no existen, pero es mentira. Yo conozco una que es grande y pequeña, que sabe volar y soñar, que aparece y desaparece, que sonríe y llora, que es tan comúnmente peculiar como las hadas de los cuentos, porque sus palabras son como el polvo mágico que chisporrotea en el aire y nos descubre y contagia utopías.
Su presencia no resulta extraña. Su voz se cuela por los rincones, clara como el agua y dulce como el azúcar morena. Inunda los vericuetos de la conciencia y dibuja horizontes comunes. Nunca parece protagonista, porque embriaga y empuja con suavidad el acontecer individual sumando y sumando. Al ritmo enérgico con el que baten sus alas. Rima a rima. Verso a verso. Como si la vida se llenara de muchas vidas. Como cabalga la poesía. Como si ella y yo, y tú y ella fueran miles y nunca dejaran de sumar y de soñar.
Dicen que las Adas no existen, pero es mentira. Vienen y van contigo y conmigo. Se quedan y se marchan. Suben y bajan. Duermen, despiertan. Imaginan, descubren. Forman parte de la historia. Casi sin quererlo. Y quizás por eso anidan en los corazones de cualquiera. Y nos animan a creer en algo más que lo posible. Y a crecer.
Porque sólo sumando y sumando podremos. Porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Porque sabemos que soñar es la mejor estrategia para conquistar el futuro. Porque juntas podemos. Porque nunca dejaremos de luchar. Porque seguimos poniendo el alma. Y porque hemos aprendido y saboreado la fuerza de lo colectivo. El placer de la solidaridad, la riqueza de la diversidad y la energía que dá el apoyo mutuo.
Con todo nuestro cariño. Gracias Ada. Gracias a todas las Adas. Que sí, qué …

¡Sí se puede!.