Por fin la justicia institucional ha hecho algo de justicia real

Por fin la justicia institucional ha hecho algo de justicia real y exige a los bancos que devuelvan lo que, a través de malas prácticas y abuso de posición, cobraron de forma indebida a cientos de familias y personas, llevándoles a pagar letras insostenibles que provocaron miles de desahucios y, por ende, exclusión social o como mínimo les llevó a una situación de económica de difícil recuperación que arrastraremos durante años.

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A qué juzgado que imparta justicia se le ocurre resolver  que si un banco te cobra más de lo que debería mediante engaños no tiene que devolverte el dinero. Desde un punto de vista jurídico es una aberración.  ¿Colapso bancario? Por favor, ¿Y el colapso de millones de familias, ese no importa? Pues no importa, ahí lo tenemos, una grave crisis económica en España y unos niveles de pobreza históricos.

Pero decimos que la justicia ha hecho “algo” de justicia real porque, ¿Quién va a compensar todo ese sufrimiento y temor a ser desahuciado, a no tener dónde vivir, a no tener con qué dar de comer a nuestros hijos por pagar la hipoteca o a perderlos si perdíamos la casa? ¿Quién va a compensar las lagrimas, las depresiones, las ansiedades, el dolor, el sufrimiento y los suicidios?

Ese dinero, robado, que tendrá que ser devuelto, no devolverá a nuestras familias a su situación inicial, muchas ya han perdido sus casas y no podrán recuperarlas ni tendrán acceso a otra nueva , y, ni por asomo, va a compensar todo ese sufrimiento vivido y, mucho menos, las consecuencias de esta estafa bancaria.

Lo mejor de esta sentencia, lo más grande, lo insuperable, lo emocionante, lo que no nos van a robar jamás, es que todo esto es fruto de un movimiento ciudadano, afectados y no afectados peleando juntos, abogados echando horas sin dormir,  jueces concienciados que han llevado los desahucios a Europa, psicólogos, economistas, activistas. Eso es el gran logro, el surgimiento de un importantísimo movimiento social, que ha trabajando en conjunto, cada persona en lo que puede y sabe, juntos para defender nuestros derechos. Y eso aparecerá en los libros de historia y será recordado para siempre.

Seguramente muchos de los que hoy se encuentran señalados por esta sentencia (desde el Tribunal Supremo a los tribunales de Colmenar Viejo, desde los banqueros sin escrúpulos a los directores sin corazón) deberían hacer algo más que avergonzarse, deberían restituir el daño irreparable, y puede que todo llegue. Son los mismos que a estas alturas estarían encantados de vernos separadas, cansadas, olvidadas; pero va a ser que no, el movimiento se realiza dando pasos y pasos, a veces pequeñitos y a veces tan enormes como éste. Pues aquí nos tenéis, más unidas y más fuertes que nunca, y con un arma lo bastante incisiva como para hacerles salir de su zona de confort por un instante. “Temblad malditos, temblad” que diría alguien.


 

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